Poemas de Antonio Corvalán, VGM, poeta y cazador

Vuela, hermano piloto, vuela
los sueños argentinos te acompañan
las plegarias de sus hijos te protegen
tu entrega es la gloria de mi raza

Vuela, sube a las alturas
besa el sol del mediodía
abraza el lucero del ocaso
acaricia el oído de los vientos
grita tu nombre a las estrellas

Vuela, busca tu destino
como tules y algodones,
hiende el aire con tus alas
en el pecho llevas un rosario,
en las manos, mi esperanza.

*La misión*

Despegó una mañana muy temprano
rugió el motor, trepidaron los peñascos
el borde perfilado de sus alas
desgarró el vapor leve de la costa
se elevó por los azules desolados
al Sur de los Andes milenarios.

Sobre la árida estepa patagónica
el penacho gris de los reactores
escribió un adiós interminable,
como una mano que se aleja
se perdió en la noche del océano,
hacia las islas, hacia la historia…

Halcones

Al comienzo de los hielos más australes
allá, donde los horizontes se confunden,
entre nieblas y borrascas salitrosas.
descubriste la flota usurpadora

Se extendieron tus alas triangulares.
el coraje llenó de fuego tu mirada
quebrando la paz silente de los mares
te lanzaste al combate sin temor

Temblaron las tinieblas abismales
receloso de la gloria de tu estirpe
Océano soltó truenos y huracanes,
flechas letales con forma de misil.

Ahora todo es agua y viento
espuma, nieve, piedra, sal
tu grito de halcón herido
es una llaga que perdura
tus ojos de tigre en guardia,
un ejemplo eterno que emular.


*In memoriam*

Vine aquí para contar la historia,
la hazaña de los pilotos argentinos
desde la bucólica paz serrana
a la helada planicie más austral.

Cantaré su final, hermanos, su gloria
diré que cayeron como valientes
peleando a lo bien nacido
de frente y sin pedir perdón.

Igual que las aves en la tarde
no perdieron la vida, sino una pluma
como descienden la hojas en otoño,
sólo dejaron su pena en el turbal.
Un hijo

Y yo te busqué, padre mío,
te escribí una carta, gigante de mis sueños
protector de mis noches insomnes
padre piloto, padre retrato, padre medalla
relicario de viudas sin consuelo
¿dónde estás, padre mío?
¿dónde?
aprieta mi mano en las noches invernales
consuela el llanto solitario de mamá.


Se fueron

Alza el rostro a las nubes
hunde tu mano en la nieve
mira las alas quebradas
escucha silbar a los vientos.

Mira los cerros azules
las neblinas sombrías,
los horizontes lejanos
brillando a la luz de la luna.

Camina hasta el faro y observa,
mira los cielos vacíos,
no hay nadie,
mira las costas quebradas,
no hay nadie,
sólo son olas,
copos de espuma y gaviotas.